Y la verdad es que
tenemos razón. Nos vestimos de la misma manera siempre, cogemos el mismo camino
para ir al trabajo, volver a casa o simplemente ir a comprar el pan. Si tenemos
que llevar a alguien “especial” a cenar recurrimos a aquel restaurante que
sabemos que no nos fallará. Hablamos con las mismas personas, salimos con los
mismos amigos y ojo con que alguien nos mire más de la cuenta o intente
acercarse a nosotros.
Sí, ¡haces lo mismo
siempre y no te sucede nada interesante! Pero… ¿Por qué te quejas?
Ahora te propongo algo
diferente. Comienza por ponerte esa ropa que guardas para ocasiones especiales,
¿Por qué no iba a ser hoy un día inolvidable? Sal a la calle y sonríe a la
primera persona que veas (te mirará raro, lo sé, pero es que en este mundo no
estamos acostumbrados a ver a la gente sonreír). Coge el teléfono y mira la
agenda. ¿A quién prometiste llamar y aun te está esperando? ¡Llámalo! Si ves
que alguien tiene interés en ti, ¡conócela! Nadie te está diciendo que por intercambiar
unas cuantas impresiones tengas que salir con ella. Libérate. Saluda a tus
enemigos, deséales un buen día (todos vamos a morir igual). Entra en casa,
dales un beso a tus padres y recuérdales lo mucho que les quieres, nunca sabes cuándo
va a ser la última vez que lo puedas volver a hacer, así que ¿Por qué no
empezar hoy y continuar haciéndolo cada día del resto de nuestras vidas? No
esperes a hacer las cosas cuando los malos momentos llegan. Hazlo ahora, cuando
todo va bien, son cuando más se recuerdan. Camina. Escucha. Observa. Siente.
Desahógate. ¿Tienes un problema con alguien? Habla. Soluciona. Crece. Todos los
problemas no tienen una solución, pero sí una conversación. Permítete un
capricho. Come. Relájate. Date un respiro. Echa un ojo al pasado, no importa lo
duro que haya sido, sonríele. Levántate. Escúchate. Empieza. Cambia. Ve de
frente. Comparte. Hoy es un buen día para regalarle algo a aquella persona, sí
la que estás pensando ahora mismo. Ábrete. Compra una postal y envíasela a
aquel amigo al que echas en falta. Recuérdale la primera anécdota que te venga
a la cabeza y dile que lo esperas ver pronto. Continúa. Tómate un buen gin
tonic mientras escuchas tu música preferida. Sueña. “Filosofea”. Atrévete. Da
el primer paso e invita a un café a esa persona en la que no dejas de pensar. Valórate.
Vales más de lo que crees. Señala el cielo y que ese sea tu límite. Párate.
Cierra los ojos. ¿Ahora lo ves?
Fdo: Adrián Guerrero

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